Cine
Michelle Pfeiffer representa a todas las mamás
Un inminente reflejo de la sociedad, donde se presenta esa competencia absurda entre vecinos o incluso familia.
Una sátira navideña que sirve de espejo para muchos.
En el vasto catálogo de películas navideñas, ¡Vaya Navidad! llega como esa invitada que parece ligera, simpática y festiva… hasta que empieza a decir verdades incómodas entre villancicos y decoraciones excesivas.
Michelle Pfeiffer y el arte de sostener el caos con elegancia
Michelle Pfeiffer interpreta a Claire Clauster, una madre que intenta mantener unida a su caótica, pero entrañable familia durante las fiestas decembrinas.
Pfeiffer se instala en la tradición de las comedias navideñas, pero con un guiño crítico a esa absurda necesidad de competir incluso cuando se supone que todos deberíamos estar “en paz”.

En una faceta que le sienta sorprendentemente bien, la actriz se mueve entre la comedia, la ironía y el hartazgo silencioso, encarnando a esa figura que da todo, organiza todo y, aun así, suele ser la menos escuchada: la mamá.
A veces, lo inesperado es justo lo que se necesita para reconectar con uno mismo.
Blindada con un gran elenco, encabezado por Felicity Jones, Denis Leary, Chloë Grace Moretz y Jason Schwartzman aportan dinamismo y variedad a una familia que parece vivir en constante competencia emocional.
Un inicio que enamora a los amantes del cine navideño
Un detalle especialmente encantador —y digno de mención— es que ¡Vaya Navidad! arranca con un recuento y recomendación de grandes clásicos navideños, un guiño cinéfilo que funciona como declaración de amor al género y como antesala perfecta para lo que está por venir.
Para quienes disfrutan del cine de temporada, este momento se siente como una complicidad directa con el espectador.
Top 10 de Películas Navideñas para Todos
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Krampus: el lado oscuro de la Navidad
Eva Longoria, ¿siendo Eva Longoria?
Hay que mencionar la aparición especial de la actriz de ‘Esposas Desesperadas’ en un personaje que le queda como anillo al dedo al interpretar a una host del programa de revista del momento, sí, como la conductora principal.

En donde como conductora principal, tiene que fingir en ser la ama de casa perfecta, amigable, que no le molesta, ni incomoda nada. No estamos hablando de Andrea Legarreta, solo estamos describiendo el personaje de esta producción navideña.
Navidad, vecinos… y la eterna competencia absurda
Uno de los mayores aciertos de ¡Vaya Navidad! es su retrato de ciertos círculos sociales donde la Navidad deja de ser una celebración para convertirse en una competencia no declarada:
¿Quién tiene la mejor casa decorada? ¿La familia más perfecta? ¿La cena más elaborada? ¿La vida más exitosa?
La película se burla —con elegancia y humor— de esa hipocresía disfrazada de buenos deseos, donde la vanidad se cuela entre regalos y sonrisas forzadas.
El error que lo cambia todo
Cuando su familia comete el imperdonable error de olvidar en casa a la mamá, antes de un viaje navideño planeado con entusiasmo, Claire llega al límite. Cansada de sentirse poco valorada, decide emprender una aventura espontánea que la obliga a replantearse su rol, sus expectativas y su propia felicidad.

¿Vale la pena verla esta Navidad?
¡Vaya Navidad! es una buena película, entretenida, honesta y con más filo del que aparenta. Su humor funciona, su mensaje conecta y su crítica social se siente cercana, especialmente en una época donde la comparación y la apariencia parecen robarle espacio a lo esencial.
Porque a veces, la mejor Navidad es la que no intenta ser perfecta.
En Cineteando la recomendamos como una opción ideal para quienes buscan una comedia navideña que no solo haga reír, sino que también invite a reflexionar —sin solemnidad— sobre lo absurdo que puede ser competir incluso cuando se supone que estamos celebrando juntos.
Cine
Amarga Navidad y Pedro Almodóvar
Almodóvar regresa con una obra profundamente introspectiva, personal y visualmente impecable.
Amarga Navidad deja la sensación de una historia que observa más de lo que conmueve, donde la perfección estética termina superando la fuerza emocional del relato.
Es difícil escribir sobre Amarga Navidad, pero no sobre Pedro Almodóvar. A estas alturas de su carrera, el director manchego ya no tiene nada que demostrar.
Su lugar dentro de la historia del cine contemporáneo está más que asegurado y cada nueva película suya se convierte, inevitablemente, en un acontecimiento cinematográfico.
Almodóvar regresa con una obra profundamente introspectiva, personal y visualmente impecable.
Almodóvar vuelve con Amarga Navidad, tras experimentar con el idioma inglés en La habitación de al lado, una producción que posee todas las características que han definido la filmografía del cineasta durante décadas:
Una puesta en escena meticulosa, una dirección elegante, una fotografía cuidadosamente calculada y esa capacidad única para convertir cada plano en una composición llena de color, textura y significado.
La historia
Elsa es una directora de publicidad cuya madre muere durante un largo puente del mes de diciembre. Encuentra refugio en el trabajo, aunque es más bien una huida hacia adelante.
Trabaja sin parar y, sin darse cuenta, no se concede el tiempo necesario para guardar el duelo por la ausencia materna. Hasta que una crisis de pánico la obliga a detenerse e imponerse un descanso.
Elsa decide viajar a la isla de Lanzarote acompañada por su amiga Patricia, que también necesita alejarse de Madrid, mientras que Bonifacio se queda en la ciudad.
Las virtudes de las películas de Almodóvar
La película es, en muchos sentidos, un catálogo de las virtudes técnicas de su autor. Los encuadres son precisos, la iluminación es sobresaliente y los escenarios vuelven a funcionar como extensiones emocionales de los personajes.
Cada habitación, cada objeto y cada color parecen colocados exactamente donde deben estar.
Almodóvar continúa siendo uno de los cineastas más refinados y reconocibles del cine mundial.
Sin embargo, donde la película encuentra sus mayores dificultades es en la construcción emocional de su relato.
A diferencia de algunas de sus obras más memorables, Amarga Navidad parece quedarse atrapada en una sensación constante de contención. La historia avanza con corrección, pero rara vez alcanza momentos de verdadera intensidad dramática.

Los conflictos existen, pero no terminan de explotar; los personajes tienen profundidad, pero carecen de ese elemento disruptivo que tradicionalmente ha convertido a las mejores películas de Almodóvar en experiencias emocionalmente inolvidables.
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¿Qué le falta a Amarga Navidad?
La sensación que permanece al finalizar la proyección es la de una obra que nunca termina de despegar. Todo luce impecable, pero falta algo que rompa la monotonía narrativa.
Falta ese personaje incómodo, impredecible o extravagante que altere el equilibrio emocional de la historia y que permita que el drama encuentre nuevas capas de complejidad.
Quizá el mayor problema de Amarga Navidad es que se acerca demasiado a ciertos códigos de la tragicomedia contemporánea que el propio Almodóvar ayudó a redefinir hace años.
Paradójicamente, una película dirigida por uno de los autores más originales del cine moderno termina transitando territorios demasiado familiares.
Eso no significa que sea una mala película. Lejos de ello.
Amarga Navidad sigue siendo una obra sólida, elegante y realizada por un director que domina cada aspecto de su oficio.
El lenguaje visual que superó a la historia
Pero también deja la impresión de una oportunidad parcialmente desaprovechada, de una historia que posee todos los elementos para conmover profundamente y que, sin embargo, termina observándose más que sintiéndose.
Pedro Almodóvar sigue siendo un maestro del lenguaje cinematográfico. Lo que ocurre es que, en esta ocasión, la perfección visual no siempre encuentra una emoción equivalente que la acompañe.
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