Cine
Amarga Navidad y Pedro Almodóvar
Almodóvar regresa con una obra profundamente introspectiva, personal y visualmente impecable.
Amarga Navidad deja la sensación de una historia que observa más de lo que conmueve, donde la perfección estética termina superando la fuerza emocional del relato.
Es difícil escribir sobre Amarga Navidad, pero no sobre Pedro Almodóvar. A estas alturas de su carrera, el director manchego ya no tiene nada que demostrar.
Su lugar dentro de la historia del cine contemporáneo está más que asegurado y cada nueva película suya se convierte, inevitablemente, en un acontecimiento cinematográfico.
Almodóvar regresa con una obra profundamente introspectiva, personal y visualmente impecable.
Almodóvar vuelve con Amarga Navidad, tras experimentar con el idioma inglés en La habitación de al lado, una producción que posee todas las características que han definido la filmografía del cineasta durante décadas:
Una puesta en escena meticulosa, una dirección elegante, una fotografía cuidadosamente calculada y esa capacidad única para convertir cada plano en una composición llena de color, textura y significado.
La historia
Elsa es una directora de publicidad cuya madre muere durante un largo puente del mes de diciembre. Encuentra refugio en el trabajo, aunque es más bien una huida hacia adelante.
Trabaja sin parar y, sin darse cuenta, no se concede el tiempo necesario para guardar el duelo por la ausencia materna. Hasta que una crisis de pánico la obliga a detenerse e imponerse un descanso.
Elsa decide viajar a la isla de Lanzarote acompañada por su amiga Patricia, que también necesita alejarse de Madrid, mientras que Bonifacio se queda en la ciudad.
Las virtudes de las películas de Almodóvar
La película es, en muchos sentidos, un catálogo de las virtudes técnicas de su autor. Los encuadres son precisos, la iluminación es sobresaliente y los escenarios vuelven a funcionar como extensiones emocionales de los personajes.
Cada habitación, cada objeto y cada color parecen colocados exactamente donde deben estar.
Almodóvar continúa siendo uno de los cineastas más refinados y reconocibles del cine mundial.
Sin embargo, donde la película encuentra sus mayores dificultades es en la construcción emocional de su relato.
A diferencia de algunas de sus obras más memorables, Amarga Navidad parece quedarse atrapada en una sensación constante de contención. La historia avanza con corrección, pero rara vez alcanza momentos de verdadera intensidad dramática.

Los conflictos existen, pero no terminan de explotar; los personajes tienen profundidad, pero carecen de ese elemento disruptivo que tradicionalmente ha convertido a las mejores películas de Almodóvar en experiencias emocionalmente inolvidables.
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¿Qué le falta a Amarga Navidad?
La sensación que permanece al finalizar la proyección es la de una obra que nunca termina de despegar. Todo luce impecable, pero falta algo que rompa la monotonía narrativa.
Falta ese personaje incómodo, impredecible o extravagante que altere el equilibrio emocional de la historia y que permita que el drama encuentre nuevas capas de complejidad.
Quizá el mayor problema de Amarga Navidad es que se acerca demasiado a ciertos códigos de la tragicomedia contemporánea que el propio Almodóvar ayudó a redefinir hace años.
Paradójicamente, una película dirigida por uno de los autores más originales del cine moderno termina transitando territorios demasiado familiares.
Eso no significa que sea una mala película. Lejos de ello.
Amarga Navidad sigue siendo una obra sólida, elegante y realizada por un director que domina cada aspecto de su oficio.
El lenguaje visual que superó a la historia
Pero también deja la impresión de una oportunidad parcialmente desaprovechada, de una historia que posee todos los elementos para conmover profundamente y que, sin embargo, termina observándose más que sintiéndose.
Pedro Almodóvar sigue siendo un maestro del lenguaje cinematográfico. Lo que ocurre es que, en esta ocasión, la perfección visual no siempre encuentra una emoción equivalente que la acompañe.
Cine
Verity: Anne Hathaway, Dakota Johnson y Josh Hartnett
Cuando la sombra de un engaño se alía con la ambición, el deseo y la obsesión.
Entre secretos, ambición y obsesión, la verdad puede ser el peor de los engaños.
El arte de un escritor prevalece y, sin duda, su prioridad es mantener al filo de sus emociones a sus lectores. Pero cuando hablamos de 𝗩𝗲𝗿𝗶𝘁𝘆 𝗖𝗿𝗮𝘄𝗳𝗼𝗿𝗱, las expectativas son altas.

El arte del amor y del engaño
Después de un supuesto accidente que la deja incapacitada, alguien tendrá que ocupar su lugar para terminar aquello que ella dejó pendiente. Y ahí comienza el verdadero juego.
‘Verity’ es un thriller psicológico y erótico basado en la novela homónima de Colleen Hoover, publicada originalmente en 2018.
La película reúne a Dakota Johnson, Anne Hathaway y Josh Hartnett en una historia donde la tensión, el deseo y los secretos terminan convirtiéndose en los verdaderos protagonistas.
El gran elenco que la historia necesitaba
Y aunque la historia puede resultar algo predecible, uno de los grandes atractivos de esta producción está en su elenco.
Ver a Anne Hathaway y Dakota Johnson frente a frente, acompañadas por un Josh Hartnett más maduro, le da a la película una tensión que funciona.
Hathaway, como ‘Verity‘, está soberbia. Bella, elegante y perturbadora, como solo ella sabe hacerlo. Al lado de una mosquita muerta como ‘Lowen Ashleigh‘ –Dakota Johnson-, consigue una dinámica que funciona incluso cuando ambas prácticamente no comparten diálogos.

El verdadero punto de encuentro es Jeremy Crawford, un esposo que parece saber exactamente lo que quiere y hasta dónde está dispuesto a llegar para conseguirlo.
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¿𝗨𝗻 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗹 𝗳𝗲𝗹𝗶𝘇?
De lo mejor del filme no solo está la mansión donde vive esta aparentemente feliz pareja, sino el desenlace.
Y aquí está uno de los mayores aciertos de 𝗩𝗲𝗿𝗶𝘁𝘆’: no intenta explicarlo absolutamente todo.
El cierre deja abiertas las posibilidades y nos obliga a cuestionar buena parte de lo que acabamos de ver.
¿Quién dice la verdad? ¿Y cuánto de lo que vimos realmente ocurrió?
Sí, señores. Necesitábamos ese final. ![]()
Porque después de tanta tensión, deseo, ambición y secretos, ‘𝗩𝗲𝗿𝗶𝘁𝘆’ tenía que dejarnos con una última duda. Y lo consigue.
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